BIENVENIDOS

Ya la noche ha despertado, dejadme que yazca junto a vos; sois los que alimentan mi espiritu ya cansado. No vivo, mas, no muero y en la muerte encuentro vida y sin la vida no vivo más.

"...Yo tengo el labio húmedo y conozco la ciencia de perder en el fondo de un lecho la conciencia;
enjugo todo llanto en mis senos triunfantes y hago reír a los viejos igual que a los infantes.
Sustituyo, para quien me contempla sin velos y desnuda, a la luna , al sol, al cielo y las estrellas.
Soy mi querido sabio, tan docta en los placeres, cuando sofoco a un hombre en mis temibles brazos o cuando a sus mordiscos abandono mi busto.
Tímida y libertina, y frágil y robusta, que sobre esos colchones que de emoción se pasman los ángeles no podrían por menos que perderse por mí..."
("LaMetamorfosis del Vampiro" Charles Baudelaire)

¡¡QUE VENGAN!!


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miércoles 4 de noviembre de 2009

EL PRECIO DEL AMOR

He aquí, una nueva sabiduría que os comparto...

La sonrisa, el beso, la caricia..
Las miradas, el te amo, el “mi amor”
Nada sirve, todo es nulo…
El amor bebe veneno,
vencido por el brillo del metal.
Se suicida no de pena, sino de necesidad
Cuando todo lo antes rosa se vuelve verde
Por la ventana se arroja el amor hacia el más allá…

(La Triste Realidad )


Saúl se desangraba en el piso de aquel callejón penumbroso.
No podía moverse, trataba de gritar pidiendo auxilio y apenas era un imperceptible gorjeo lo que salía de su boca.
Se moría y lo sabía. Sin proponérselo empezó a rememorar cada momento de su vida hasta llegar al actual.
Lo había escuchado con anterioridad, había sabido que a los moribundos se les pasa toda la vida por delante antes de morir, pero nunca hasta ahora lo había creído del todo.

Su primer recuerdo fue cuando tenía tres años, sus padres discutían violentamente. Aparentemente el motivo de la discusión era su padre; nunca había dinero, nunca había nada. Su madre le gritó a su padre que se largara y no volviera más. Y él así lo hizo, claro que quizás ayudara el hecho de que al día siguiente ella y su hijo se mudaran de ciudad.
Ahora que lo piensa mejor, al parecer esas cosas pasan con frecuencia.
Siempre le había dicho que su verdadero padre había muerto…

A los 8 años conoció a Micaela: la niña más linda que había visto en su vida. La primera vez que la vio, el estaba muy ocupado esculpiendo un gato en plastilina cuando la maestra anunció que tenían una nueva compañera, “oh no, otra niña” pensó Saúl, hasta que la vio. Su primera impresión fue que aquello no era una simple niña pelirroja sino un ángel.

Cuando tenía 12 años dio su primer beso. Había tardado casi un año en decidirse a hablarle y (pensar como es la vida) ahora la tenía frente a él, a aquel ángel de cabellos cárdenos diciéndole que sí, que sería su novia. Cuan feliz era Saúl, tanto que al besarla por primera vez, sintió que volaba. Sus amigos dicen que aquel beso no duró más que unos segundos, pero el voló por campos de flores y césped verde durante horas después de eso.
A los 16 hizo el amor por primera vez. Fue la cosa más hermosa del mundo, tuvo que admitir que era virgen porque, habían empezado a ser novios a los 12 años; si él no admitía ser virgen hubiera significado que había sido infiel a Micaela y la habría perdido, así que no le tocó de otra que admitirlo.
La ligera vergüenza inicial se disipó en el momento de tenerla desnuda entre sus brazos.
El primer morbo, las primeras caricias. El siempre creyó que solo a las mujeres les dolía la primera vez, entonces comprobó que sus amigos también mentían. Se había convertido en hombre al mismo tiempo que ella se había convertido en mujer y no podía ser más feliz.

Recordó que todo el mundo les decía que no se casaran, que aun eran muy jóvenes, que necesitaban conocerse más y coger más experiencia de la vida. Pero ¿Qué más podían conocerse? Habían estado juntos siempre y la experiencia de la vida la adquirirían juntos como todo lo demás. No escucharon a nadie y, muy a pesar de su madre y la de ella, la boda se realizó de manera sencilla pero hermosa.

Nunca tuvo claro cuando empezaron los problemas, ni siquiera ahora que la muerte le estaba recordando todo lo que había vivido pudo esclarecer cuando habían empezado.

Micaela preparaba su maleta para largarse de una buena vez. Le decía que no soportaba más, ¿Cuánto hace que vivían en el mismo departamento de dos ambientes? ¿4,5años? Ya daba lo mismo ella se iba.
Su madre tenía razón se casaron muy jóvenes. Todos sus amigos se habían dedicado a trabajar, a hacer sus carreras, a acumular cuentas de banco o comprarse su auto, su casa. Ahora todas sus amigas recién estaban casándose, ahora, a la edad a la que ella deseaba el divorcio
¡¿Divorcio?! Micaela por favor yo te amo

¡Pero yo ya no!, y es más conocí a alguien

Saúl se quedó de una sola pieza, mientras sin ninguna compasión Micaela le contaba que había conocido al susodicho en la universidad y que, aunque al principio se había resistido se terminó dando cuenta que de nada servía resistirse y lo había aceptado. Llevaban ya 6 meses saliendo.
¿Saliendo? Pero... Sólo saliendo ¿verdad?
Por toda respuesta lo miró con una irónica sonrisa meneando la cabeza de un lado a otro.
¡Dios! ¿Cuándo había cambiado así? ¿Cuándo la dulce niña de cabellos rojos y sonrisa lánguida se había convertido en esta mujer envidiosa , materialista y sin escrúpulos?

Por eso no había querido tener hijos aún. “Todavía no bebé” le había dicho ella cuando él se lo había planteado “más adelante cuando estemos en mejor situación
¿Dónde vas…?

Con él, me espera abajo en su Ferrari.

Con razón la noche anterior había tenido que rogarle prácticamente para que aceptara hacer el amor con él.
Nunca se había sentido tan miserable, era un completo perdedor. El creía que con el amor bastaba para ella, que lo que él podía darle era suficiente. Cuán equivocado estaba. A las mujeres hermosas como ella les termina gustando el dinero, la buena vida, la ropa cara.
Y Cómo no iba a desear vida de reina si tenía la estampa de una reina.
¿¡Porqué?! ¿Qué es lo que estaba pagando? ¿Cuál había sido su pecado? Ser demasiado bueno, ser demasiado pobre o haber amado demasiado. Y si estaba pagando algo ¿Porqué era tan alto el  precio?

Meses después recibió una llamada, era ella y lloraba en el teléfono.
“… Me golpea, siempre me obliga a vestirme de manera provocativa y me luce con sus amigos, soy un trofeo no una mujer para él. Me obliga a hacer cosas horribles en la cama, no es tierno y amable como tú. Pero hay algo más, Saúl, estoy embarazada y… no es suyo. Tengo casi 4 meses de embarazo ¿recuerdas nuestra última vez, aquella cuando tu insististe y yo no quería? Saúl, el bebé que espero es tuyo. ¡Si él lo descubre me matará! Siento mucho todo lo que te dije, lamento todo lo que he hecho estoy muy arrepentida y te extraño tanto. ¡Oh Dios! He entendido que te amo, en nuestra pobreza te amo Saúl, por favor perdóname, por nuestro hijo perdóname. Sácame de aquí por favor…”


Saúl salió cómo un desesperado a la calle, era tarde en la noche y no tomó ningún tipo de precaución, solo pensaba en ella, en sacarla de esa jaula de oro y en que volverían a estar juntos.

¡Un hijo! Lo que tanto había deseado desde que la tuvo por primera vez: volverse uno con ella, fundirse juntos en un nuevo ser salido de ambos…

En la parada del autobús un par de maleantes lo abordaron; lo golpearon y lo arrastraron hasta un callejón donde le quitaron lo poco que tenía: veinte dólares y un teléfono celular muy pasado de moda.
Cuando se dieron cuenta que el golpe en la cabeza sangraba profusamente y que no se movía se asustaron y se dieron a la fuga.
“Micaela” balbuceaba Saúl, mientras la vida se le extinguía con la sangre que manaba de su cráneo; luego todo fue negrura y Saúl no sintió más dolor.
En el barrio aquel de caserones elegantes y jardines amplios, Micaela miraba por la ventana, aguardando el momento en que la desgarbada silueta de su (aun) esposo cruzara la avenida, pero habían pasado ya horas desde la llamada y él no aparecía.
De qué se podía quejar si no venía por ella, había sido tan cruel con él.
La puerta de la habitación de abrió y un aroma a whisky caro se percibió en la estancia.
Dos manos la tomaron alejándola con brusquedad de la ventana y la arrastraron a la cama.
Micaela supo entonces que ya no tenía nada que esperar.
Este era el precio que debía pagar por todo lo que había abandonado.








viernes 2 de octubre de 2009

MIGRAÑAS

He aquí, una nueva sabiduría que os comparto...

Imposible no ver el día llegar a ser noche,
Imposible no ver el fin de cada hora,

Imposible ver las hojas caer en otoño y no desear que te mueras con ellas.
Imposible…


Qué mala se había vuelto la vida, pensaba Tania, sobre todo en casa; tanto que trataba de llegar cada día más tarde, (no llegar sería demasiado) pero ella sabía que tarde o temprano su karma era verla día a día, noche a noche y escucharla; eso le acrecentaba las migrañas que ya no daban tregua… ella misma así lo había elegido.

Qué error.

Ahora quisiera estar sorda para no escuchar a Lorena; sus quejas, sus reproches. Cada día es lo mismo; ya no había cómo cenar sin oírla hablar, cuchichear, respirar; ahora mismo la esferográfica con la que terminaba un crucigrama bailaba entre sus dedos deseosa de incrustarse en sus propios oídos solo por no oírla más. La migraña estaba a punto, la veía venir, la sentía llegar como una pesadez que poco a poco le daba la sensación de irle hinchando el ojo derecho.

Y Lorena que aún callada era una molestia.
Su sola presencia era un ruido insoportable que hería su cerebro talvez más aún que las propias migrañas. Ojala fuera posible pararlo, si hubiera una forma de acallarlo...

Una tarde tuvo que volver temprano a casa, por la migraña.

No, si es que ella lo ha dicho cada vez que le han preguntado sobre el hecho: las malditas migrañas tuvieron la culpa de todo; pero, no hay quien lo entienda.

Tania solo quería dormir, tomarse una de esas pepitas mágicas llenas de paracetamol que le quitaban hasta la voluntad y la enviaban a la cama, muriendo durante un par de gloriosas horas, para todo el mundo. Pero no, Lorena debía empezar con lo suyo.

¿Qué no era más fácil comprender que necesitaba descansar?
Empezó: ¡Que si la casa, que si el empleo, que si el negocio! … Lori, más tarde hablamos, si.
¡Que si ya nunca la escucha, que si ya están juntas es por gusto! … Por favor se me parte la cabeza.
¡Que si esto, que si lo otro!… ¡Sólo déjame descansar! ¡¿Qué no lo entiendes?! ¡¿Por qué no lo comprendes?!
Quizá por la migraña, quizá porque ya estaba harta, o por ambas cosas; Tania perdió la paciencia mientras la tomaba por los hombros y la zarandeaba, empujándola.
Tal vez, si lo hubiera comprendido...

Mientras caía por el balcón, Lorena pensaba que tal vez debió hacerle caso a su madre cuando le decía “Cásate hija, para eso somos las mujeres y los hombres están para complacernos en todo. Otra mujer nunca te dará lo que nosotras necesitamos” Ahora ya era tarde.

Quizás era su culpa, quizás si tan solo se hubiera callado solo esta vez; si tan solo hubiera esperado a que se le quite la migraña, tal vez…

Aquella pequeña avenida es tan poco concurrida que tardaron casi una hora en darse cuenta que una de las “primas” del 11-b se había venido balcón abajo.
Arriba, la otra ya dormía gracias a las pepitas mágicas que la alejaban plácidamente de todo.

Afuera, mientras los vecinos se iban aglomerando alrededor del cadáver de la joven, su sangre se había mezclado con las hojas que caían de los árboles.
Era otoño.


jueves 1 de octubre de 2009

ELCHANCHITO ALCANCÍA

He aquí, una nueva sabiduría que os comparto...

No era nada fácil su vida, salir cada mañana a rebuscar en los basurales el material reciclable para poderlo vender y así, hacerse con unos centavos.


Ya eran más de las tres de la tarde y Mauricio (El Mauro, como le dicen los panas) aun no había comido nada desde ayer. Tampoco comería hoy. ¿Cómo iba a gastar plata en comida? Si necesitaba los centavos para algo más importante.

Tenía varias semanas juntando los centavos dentro de un chanchito alcancía que se había encontrado el mes pasado. Le faltaba una oreja y tenía un agujero en la panza (seguramente por ahí le había sacado la plata el anterior dueño) pero con un poquito de polvo de hormigón que le había regalado don Pepe la había reparado.

¡Qué solazo que hacía! Pero no importa, había que juntar todos los cartones para mandar a la recicladora. Ya tenía juntado un buen billete aunque aun le hacía falta un poco, pero en la recicladora le habían prometido que si juntaba los quince kilos de cartón le pagaban diez dólares.

“Ahora sí” pensaba El Mauro “Ahora sí, con el billetito que he juntado me voy a poder comprar los cuadernos que necesito, ya no voy a ser más un burro como dice mi papá. Voy a estudiar para dejar de ser chambero”.

En la recicladora le dieron lo prometido, más dos dólares extra por ayudar a envolver en alambre las pacas de cartón.

Que contento se iba el Mauro, ya era de noche, seguro su viejo le iba a meter un puñete por andar de vago… si el supiera. Pero no importa ¡tenía la plata completa!

Mañana mismo se iba a comprar los cuadernos; la sorpresa que se iba a llevar la mamá el lunes que comiencen clases cuando, en vez de irse a chambear lo viera bien limpio y bañado para irse a la escuela.

Llegando a la casa, el viejo lo esperaba en la puerta… “¡Chuta este señor ya está tomado!” pensó.

“Ven acá, ve animal” le gritó “¿Se puede saber donde carajo te has metido? Hay que ver sino vienes amariguanado”

“No papá, yo vengo trabajando”

El Mauro entró a la casa y se fue directo a su cuartito, creyendo que nadie lo veía empezó a guardar en el chanchito alcancía el fruto de todo un día de trabajo: doce dólares.

“¡Ajá tenemos plata!” bramó el padre arrebatándole el chanchito de las manos a Mauricio y caminó a zancadas rumbo a la calle.

“¡Papá deme mi chanchito, papá esa es mi plata yo trabajé solito para juntar eso!”

En la puerta se pusieron a forcejear la alcancía, El Mauro trataba de quitársela y su padre empujaba el flaco pecho de su hijo sin compasión, pero Mauricio no se daba por vencido; no iba a dejar que su padre se bebiera el fruto de un mes de trabajo en una noche. Necesitaba sus cuadernos, sus plumas, su mochila. Estuvo a punto de quitársela, cuando el tosco puño de albañil golpeó su nariz haciéndole sangrar en el acto; en ese momento el chanchito se resbaló de las cuatro manos que lo aferraban; salió volando por la puerta y fue a estrellarse sobre el terroso piso de la pseudo calle del barrio marginal donde vivían.

¡Pobre chanchito alcancía! Se hizo pedazos ni bien tocó el suelo y al mismo tiempo salieron desperdigadas las moneditas de dólar, de cincuenta; de veinticinco, hasta las de un centavo que con amor y paciencia Mauricio había juntado para darse el estudio que su padre nunca le dio.

Justo cuando El Mauro se iba a lanzar a recoger lo que pudiera de entre la tierra, los muchachitos del barrio, como ratas, se abalanzaron sobre las monedas que resplandecían a la tenue luz del alumbrado público, las recogieron con una velocidad impresionante y tan rápido como habían aparecido, desaparecieron por los recovecos del barriecito.

El Mauro se quedó de rodillas en el piso de tierra con la oreja buena del chanchito alcancía entre sus pequeñas manos, ya callosas, mientras las gotas de sangre de su nariz manchaban su curtida camiseta vieja del Emelec.

“¡Viste lo que hiciste, pendejo!” le gritó su padre “Esa plata era para irme a la escuela el lunes, papá…”

“¡Qué escuela ni qué nada! Los burros no van a la escuela. ¡Ya entra a la casa antes que te meta tu puñete por necio!”

Mauricio se acostó esa noche, soñando que tenía un uniforme limpio y era el mejor alumno de la escuela, que llevaba la bandera del Ecuador como los niños que salieron en el periódico… el gallo de la vecina cantó a las seis en punto.

Mauricio se puso sus viejos zapatos de lona, su camiseta del Emelec y dijo que se iba a trabajar.

Nunca más nadie volvió a ver a El Mauro.

viernes 25 de septiembre de 2009

SECRETITO

No le importaba lo que creyeran de él, al fin y al cabo él come de su trabajo no de la gente.

Después de todo, no era el único que hacía un trabajo extra por la noche para ganarse un medio ¿no? De lo que sí estaba bien seguro es que no dejaría que en la oficina lo supieran; además, no lo haría por mucho tiempo más.
Solo un poco; ya faltaba muy poco para completar el dinero para pagarla boda soñada que su novia quería. Después sería libre.
Pero hasta que eso suceda, los tacones y la peluca seguirán bien escondidos.

SUEÑO RECURRENTE



Luis no sabía por qué soñaba eso todos los días.
Soñaba con una casa verde, una familia y un perro llamado Max.
No recordaba haber tenido un perro llamado Max.
Recordaba la casa, a veces hasta a la familia, pero definitivamente no al perro.
Debe ser, porque los ojos fue lo primero que le arrancó el maldito can que lo atacó de niño.

jueves 24 de septiembre de 2009

VOLO MI PETER PAN (Por Mayma)

He aquí, una nueva sabiduría que os comparto...

Lo mas bonito que puede salir de mi boca es un silencio.



No le quiero criticar..a él no.
No lo deseo, pero no puedo callar.
Ya no estás a mi lado....

ya nadie me comprende....
ya nadie juega conmigo....
ya nadie piensa como yo....

Dejé volar a mi Peter Pan,
perdí mi infancia,
estará en alguna una caja abandonada a su suerte,
arrinconada y llena de mugre.

Pero no pienso cambiar, no quiero!
ya lo hice una vez; me gustó,
me hice mayor.

Dejé volar a mi Peter Pan,
se llevó mi niñez,
estará escondida en una caja abandonada a su suerte,
arrinconada y llena de mugre.

Soy como soy, no pienso cambiarme por nada,
gran parte de mi es parte de ti.
Me he hecho mayor, he crecido,
echo a volar mi Peter Pan.

Pero no pasa nada, Peter me dejó a Campanilla
que me quiere y me cuida.
Ella me guía.

Camapnilla, dile a Peter que vuelva!!
Aunque sea un segundo,
sólo qiero rekordarle, nada más!
Por qué no puedes volver?
Dónde estás?
Qué haces?
Por qué volastes?
Para que me hiciese mayor?
Vale, seguiré adelante,
me haré fuerte, puedo conseguirlo sin ti.

Campanilla, dile a Peter que me hice mayor,
que no quiero recordar qué estrella era la correcta,
si la primera o la segunda a la derecha,
que ya no lo necesito.

Campanilla, dile también que a veces le echo de menos
y que otras me arrepiento, no debí dejarle marchar.
Pero ya no hay remedio, ya no hay vuelta atrás,
ya no...
Dejé volar a mi Peter Pan.


mayma*

BELÉN

He aquí, una nueva sabiduría que os comparto...


¡Belén, Belén! Gritaba doña Mariela llamando a su hija. Su marido le decía que se calle mientras el hijo menor preguntaba por enésima vez quién carajo es Belén.
Y esto había sido todos los santos días desde que se levantaba hasta que se acostaba durante los últimos doce años.
Una mañana, doña Mariela ya no llamo más a Belén. Su marido la encontró recostada en la silla del jardín con las moscas como única compañía y una sonrisa en los labios.

Había encontrado a Belén…

CHICA RECATADA

He aquí, una nueva sabiduría que os comparto...



Carla ya no sabía qué más hacer para conservar la calma frente a su profesor de anatomía.
Era tan guapo, tan atractivo y sexy…
Tenía que hacer un verdadero esfuerzo sobrehumano para no tirársele encima durante los cuarenta y cinco minutos que duraba su clase tres veces por semana.
Es que una señorita decente no debe dejar al descubierto sus deseos carnales con el profesor.
Para eso están los compañeros de clase, el señor del bar, el chico de las colas, el vecino de enfrente…